La empresa vista como un sistema

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Todos entendemos perfectamente qué es una empresa. Lo que hacen y para qué se crean las empresas. La literatura de administración de empresas es abundante en definir y describir cosas como organización, organigramas, funciones, recursos y otros temas más. Un poco menos divulgado es el concepto de que una empresa es un sistema.

Es reconocido en el ambiente profesional más analítico y científico que considerar a la empresa como un sistema es un mejor método de comprender cómo funciona y cómo se obtienen los resultados está produciendo.  Pero, mejor aún, puede inferirse cómo puede ser gestionada para mejorar sus habilidades y que estas le permitan mejores desempeños.

¿Qué es un sistema?

Un sistema es un ordenamiento de elementos, físicos o conceptuales, tangibles o intangibles, que, inevitablemente, funcionan en simultáneo, en continua relación unos con otros, y que podemos identificar que producen un cierto comportamiento, tendencia o identidad como conjunto.

Esta forma de comprender cómo funciona una empresa nos permite, por el análisis de sus componentes internos, comprender cómo se relacionan entre ellos y cómo es que se producen las salidas o resultados.

Se establece una empresa para producir buenos resultados de negocio. Pero, este no es un resultado común. No siempre se consigue. ¿por qué?

El asunto radica en que una empresa, al igual que una máquina, quizá no ha sido diseñada adecuadamente. Unas funcionarán mejor que otras. Y otras, decididamente, no funcionarán nada bien.
Un sistema colapsa cuando sus elementos no encuentran un nivel de coordinación y capacidad para actuar en simultaneidad con sus símiles internos, de modo que se produce un caos en el interior del cuerpo, haciendo que las habilidades y capacidades del sistema se depriman.
En un sistema así, es deficiente también su capacidad para actuar con el exterior. No le es posible o le es muy difícil, adaptarse y sobrevivir. Conseguir satisfacer sus propias necesidades se convierte en una odisea diaria, ni qué decir de lograr satisfacer las demandas de los clientes.

El exterior, para una empresa, está constituido por todo el ambiente en el que debe desarrollar su actividad: proveedores, economía, competencia, reglamentaciones, consumidores, mercado, sociedad. Es este “hábitat” donde el sistema debe vivir y para eso necesita estar convenientemente dotado. Si no lo está, padecerá efectos y hasta puede llegar a desaparecer, como, de hecho, se puede comprobar que le sucede a una gran cantidad de pymes.

Flujos del sistema

Un poco menos visible, pero contundentemente verdadero, es que dentro de un sistema empresarial circulan varios flujos de elementos vitales. De hecho, esto sucede a cada instante dentro de los circuitos de la empresa. Son los que le dan vida al sistema. Esto, en apariencia, hace un poco más complejo el asunto. Sin embargo, es todo lo contrario. Esto aclara el estudio, las causalidades y el comportamiento resultante de las empresas.

Un sistema por donde no circularan flujos parecería un sistema inerte, carente de actividad y vida.  Los flujos son los medios de interrelación entre los componentes y mecanismos internos, también, hacia adentro y hacia afuera del sistema. Se requiere que estos flujos ejecuten la labor de llevar energía, habilidades y capacidades a la empresa. De ello depende su correcto accionar.  Insistamos: vista como una unidad.

Cuáles son los flujos que circulan en las vías o arterias de un sistema empresarial:
Dinero, tiempo, pedidos, trabajo, documentos, información, problemas, decisiones. Son quizá los principales, pero hay otros más.  ¡Intentemos solo imaginar qué cuadro presentaría una empresa con uno solo de estos flujos interrumpido!

En conjunto, estos flujos representan la actividad empresarial verdadera. Cuando no nos percatamos de ese hecho, no los gestionamos. Cuando no los gestionamos no hay dirección clara y el negocio, es muy probable, actuará errático y podría entrar en una actividad fuera de parámetros y controles, donde, probablemente, el único flujo que se hiciese observable sería el flujo de problemas.

Resumiendo, una empresa está dotada de componentes operativos (que a su vez son sistemas), flujos empresariales y gestión inteligente. Su actividad diaria es una compleja red de interrelaciones internas y con otros sistemas al exterior de la empresa. La regulación de las habilidades y capacidades de la empresa se conseguirá mediante la comprensión, gestión y control de esos flujos vitales y por añadidura se obtendrá una potencia mejorada del conjunto.

Finalmente digamos que la fortaleza o debilidad del sistema queda registrada en los resultados o salidas que el sistema es capaz de obtener en el tiempo.

Podemos observar cómo, en gran mayoría, las administraciones de empresas pymes conciben la empresa simplemente como un cuerpo constituido por departamentos y colaboradores. Es la imagen más básica. La gestión gerencial se limita a tratar de coordinar estos departamentos y a cumplir con cierta demanda de trabajo burocrático de rutina, sin adentrarse en el conocimiento a fondo de los flujos vitales. Podemos observar en estas organizaciones cómo las cosas parecen complicarse y no llegar a los resultados deseados.

Otras, asumen que implementando reportes, a menudo duplicados e ineficaces, se está administrando y controlando los procesos. Otros tipos de administración optan por la exigencia y presión al personal como método para intentar que las cosas sucedan como se necesita y se desea que sucedan, es decir, que los flujos vitales se energicen.

Observemos a nuestro alrededor empresas y gestiones gerenciales y vamos a identificar que estos diversos estilos o métodos intentan lograr objetivos, sin advertir que mientras los flujos al interno no sean gestionados y controlados, las cosas cambiarán muy poco o nada.
Para obtener resultados se necesita desarrollar primero habilidades y capacidades en los sistemas. Sistemas empresariales débiles generan resultados endebles.

Conozcamos el sistema que administramos. Mejoremos los componentes. Identifiquemos y gestionemos los flujos y procesos internos. ¡Practiquemos métrica empresarial!


Para asesoría en gestión gerencial y métrica empresarial comuníquese a matematicasempresariales@mail.com

 

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¿Tasa de interés y tasa de rendimiento son la misma cosa?

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Interés

Se llama interés a la ganancia/costo que genera una cantidad de dinero dada/recibida en préstamo durante un período de tiempo.

Visto en números, el interés queda determinado por la diferencia entre la cantidad final de dinero y la cantidad inicial involucrada en una transacción durante un tiempo t.

Interés = Cantidad de dinero a pagar – cantidad de dinero recibida

Quién da el dinero a préstamo gana un interés, quien recibe el préstamo, paga un interés.

El anterior, es el concepto que da sustento a todas las formas en que el dinero puede ser usado para generar ganancias. En particular, cuando se habla de préstamos se llama interés, pero, cuando el dinero es invertido en un negocio o un proyecto se denomina inversión y también se espera que tenga una ganancia al final de un cierto período. En este caso se llama una rentabilidad. El dinero, debe ganar más dinero. Es una parte fundamental del sistema económico capitalista.

Ejemplo:
Si una persona solicita un préstamo a un amigo por $2,000.00 y llegan al acuerdo que deberá pagar a un año plazo $2,500.00, la situación se vería así:

I = $2,500.00 – $2,000.00
I = $500.00

Significa que, al finalizar el año, pagará los $2,000.00 que recibió + $500.00 como intereses. Esa será la ganancia del amigo que le prestó el dinero.

Para el que recibe el dinero, es el costo de haber podido usar el dinero en el momento que lo necesitaba para un fin; para el que presta, es la ganancia que obtiene, como en cualquier otro negocio, por arriesgar su dinero y privarse de usarlo durante ese tiempo.

 

Tasa de interés 

En la ecuación anterior, el interés era una cantidad de dinero absoluta. Pero, en esta forma es difícil reconocer cuándo un préstamo está siendo más caro que otro. Es decir, si se pueden tener dos o más oportunidades de obtener el préstamo, necesitamos poder establecer claramente, cuál de las opciones nos resulta más conveniente.

La forma de hacerlo es relacionando el interés generado con el capital o cantidad de dinero que la da origen.
$500.00/$2,000.00 = 0.25

La interpretación es:
Para el que solicita el préstamo: paga $0.25 por cada $1.00 que recibe en préstamo.
Para el que lo presta es: gana $0.25 por cada $1.00 que da en préstamo.

Para fines prácticos en materia de dinero, es mejor expresar la evaluación por cada $100.00 de transacción, es decir: por ciento.  Entonces, como el anterior cálculo estaba por 1 dólar, multiplicamos el resultado por 100 y obtenemos:

$500.00/$2,000.00 = 0.25 x 100 = 25%

Esa es la forma en que se hace en todo lugar.
25% significa que es un préstamo en el que, al finalizar el año, se pagarán/recibirán $25.00 de interés por cada $100.00 de dinero prestado.

Ese porcentaje es como una medida de costo del préstamo con la que podemos comparar otras posibilidades de préstamo. Si la persona que requiere el dinero en préstamo tuviese otras opciones bastará con evaluar si el % de interés es mayor o menor que el dato que ya tiene de la primera opción.

A esta forma de expresar los intereses en forma porcentual (%) se le llama “Tasa de interés”.

Seguro, casi todos nosotros hemos leído u oído la expresión “tasa de rendimiento” ¿Qué diferencia hay?

No hay diferencia. Se refieren al mismo cálculo. Son intereses sobre el dinero.  Solo trata de expresar el lado para quien se hace el cálculo. Quién recibe el préstamo paga el interés y es normal decir “tasa de interés”. Quién da el dinero gana el interés en la operación y por eso es común decir que obtiene una “tasa de rendimiento”.

Para uno es costo del capital, para el otro es rendimiento del capital.

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